Sunday, November 4, 2012

El Poder de la sangre


El poder de la sangre

Éxo 12.1–13, 1 Ped 1.18, 19
I.        Introducción
a.       Dos Escrituras: Éxodo 12: 3-12; 1 Pedro 1:18, 19
b.      En Éxodo – los israelitas en Egipto – Dios les enseñó una maravillosa lección que tenían que aprender—cómo la sangre preciosa del cordero inocente  tenía que ser derramada y tenía que ser aplicada antes de poder ser librados.
c.       Hebreos 9:22 – “sin derramamiento de sangre no se hace remisión”
d.      No es suficiente que la sangre ha sido derramada, y gracias a Dios que fue derramada allí en la cruz del  Calvario, tiene que ser aplicada. No es suficiente saber esta noche que la sangre de Cristo fue derramada para sus pecados, tiene que aplicarla personalmente. Tiene que aplicarla personalmente a su corazón por fe en el sacrifico de Cristo en la cruz por la cual Dios, por la sangre preciosa de Jesús, le ha limpiado de su pecado.
II.     En Egipto
a.       Volvamos a esa noche, hace muchos años, cuando el juicio de Dios, la ejecución de Dios estaba pasando por Egipto.  Y cuando el ángel, pasó por Egipto, trayendo juicio sobre los egipcios por la muerte de su primogénito, cuando vio la sangre de ese cordero aplicada a los postes y el dintel de la casa, no entró en esa casa. ¿Por qué? Pues el ángel de la muerte no entró en esa casa porque la muerte ya había hecho su obra. Antes de que ese ángel pasó por la tierra de Egipto, la muerte ya había venido a esa casa porque la sangre de un cordero ya había sido derramada. Y porque la muerte ya había acontecido, el inocente en el lugar del culpable, la justicia estaba satisfecha. Porque requerir o exigir pago dos veces por la misma deuda es contra la ley. Pero gracias a Dios, los que estaban bajo la sangre fueron salvados, estaban seguros, porque la misma justicia demanda la absolución  o la liberación de cada persona que está bajo la sangre de Jesucristo. Dios dijo a los israelitas “veré la sangre y pasaré de vosotros.” Y esa noche el ojo de Dios no estaba en la casa, estaba en la sangre. No importaba lo maravilloso y bello era la casa, sólo fue la sangre de Cristo que guardó con seguridad a la gente.  Hubiera podido ser una gran casa, una bella casa, hubiera podido ser un ranchito – no importaba lo caro que hubiera sido la casa—no tenía nada que ver con la casa, tenía todo que ver con la sangre. Tenía todo que ver con la sangre. Y sólo fue la sangre que guardó salvo a los israelitas esa noche, todos estaban bajo la sangre.
III.   La sangre de Jesús – 1 Pedro 1:18, 19
a.       El valor de Su sangre
                    i.         ES INCOMPARABLE --piense en el valor de la sangre de Jesús esta tarde. Cuando pienso en el valor de la sangre de Jesús – noten dos palabras en v. 19. Dice que está redimido con la preciosa sangre. Y allí mi amigo se ve el valor de la sangre de Jesucristo porque la Palabra dice que es la sangre preciosa.
1.      ¿Qué quiere decir “preciosa”? Es algo que no es ordinaria, no es común, es de un alto valor, extraordinario
2.      Ejemplo de piedras preciosas. Hay diferencias en piedras preciosas. Su belleza, su escasez, su perfección. Los diamantes – no se ha encontrado ninguno que es completamente perfecto, cada uno tiene algún defecto o desperfecto, -- no hay nada de más escasez en el mundo que algo sin defecto.
3.      Cuando Dios ordenó mandar a uno para proveer para la expiación de los pecados del mundo, determinó mandar un Cordero –tenía que ser un Cordero si ningún desperfecto, sin ninguna mancha. ¿Entiende usted lo raro que es eso?
a.       Si hubiera cometido un pecadillo – lo hubiera descalificado de ser Su Salvador. Si hubiera tenido sólo una mancha, Su sangre no hubiera tenido suficiente valor para expiar Su propio pecado, y menos todavía el pecado de nosotros
4.      Su sangre es de tal valor que no hay nada, absolutamente nada como ella en toda la historia humana
                  ii.         Cuando pensamos en la sangre preciosa de Jesús, es incomparable
porque no hay nada a que se puede comparar a la sangre preciosa de Cristo.
1.   La sangre es hecha preciosa por la persona a quien pertenece. No adoramos la sangre, no es algo mística, si tuviéramos una gota de sangre de Jesús – ¿que poder tuviera?
2.   Si Jesús hubiera bajado del cielo, y hubiera raspado Su dedo en un clavo -- ¿esa sangre nos hubiera podido salvar? ¡No!
3.   Ese raspado, aunque hubiera producido sangre, no hubiera expiado por el pecado – Dios requería el sacrificio de un vida.
4.   “O ignoráis… que no sois vuestros” 1 Co. 6:19. ¿A quién pertenezco? “habéis sido comprados por precio” – el precio por su alma – la sangre de Jesús.
a.       ¿Qué es el precio de su alma?
5.   Hay dos metales por los cuales el hombre mide el valor.  Los dos se mencionan en este versículo. Noten que dice “oro o plata.” En nuestro tiempo, el hombre mide el valor de la gente según las posesiones que tenga con respeto a oro y plata. Pero la Biblia dice que no hemos sido redimidos con cosas corruptibles como oro y plata. El oro y la plata no son cosas que podemos comparar con la sangre de Cristo--¿por qué? – porque dice que no hemos sido redimidos con cosas corruptibles como oro y plata. Jesús estaba hablando un día y dijo “Qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo” – Mi amigo, si pudiéramos juntar toda la plata que está guardada en todo el mundo, y la podríamos amontonar a tus pies – nunca podría comprar, nunca podría rescatar tu alma, nunca podría salvarle del infierno, ni comprar su libertad de la condenación. Ah, pero dice, ¿qué del oro? Si podría juntar todas las pepitas de oro que existen en el mundo y amontonarlas a sus pies – Jesús dice, “qué te aprovechará si diera todo, si diera todo el mundo, y las riquezas de todo el mundo – si todas las pepitas de oro de todo el mundo estuvieran amontonadas a sus pies—¿compraría su alma? ¿Compraría su salida del infierno? ¿Le salvaría de la sentencia de los condenados?  Y Jesús dice: “Escuche. Esas cosas son corruptibles. Porque vendrá un día mi amigo, cuando el oro perderá su valor. Todo el oro del mundo no podrá comprar la salvación de su alma porque fue redimido, fue comprado, no con cosas corruptibles, como oro y plata, pero escuche – con la sangre preciosa de Jesús. Precioso es el raudal que limpia todo mal, No hay otro manantial, Sólo de Jesús la sangre. Puede ser que no tenga ni un centavo a su nombre, pero puede ser un participante, puede ser un miembro de la familia de Dios, y un participante de los gozos celestiales – de una mansión en una ciudad que tiene calle de oro. ¿Por qué? Porque ya ha sido cancelada la redención de su alma. Y algo que es sin comparación—no es posible comparar nada a la preciosidad de la sangre preciosa del Señor Jesucristo. Recuerde Judas Iscariote, cuando se dio cuenta de lo que había hecho, trajo las treinta piezas de plata por las cuales había vendido al Salvador, treinta miserables piezas de plata – el precio de un esclavo en aquellos días—y tomó las treinta piezas de plata y las arrojó en el templo—y las lágrimas están corriendo por su rostro-y sale entre la oscuridad de la noche y dentro de unos minutos se va a ahorcar e irá al infierno, y dijo esto: “Yo he pecado entregando sangre inocente.” La sangre inocente. O la preciosidad de la fuente carmesí de la sangre preciosa de Jesús, sangre inocente, sangre sin ningún desperfecto.  Pero no sólo es incomparable,
                iii.         ES INDISPENSABLE. “SOLO de Jesús la sangre.” Cantamos; “¿Qué me puede dar perdón?” ¿No sería horrible si no habría respuesta? ¿No sería terrible si el predicador tendría que parase delante de la humanidad perdida y decir—NO HAY ESPERANZA. NO HAY NADA QUE LE PUEDE SALVAR DE SUS PECADOS. NO HAY NINGÚN PODER QUE LE PUEDE  LIBRAR DEL PODER DE SU PECADO QUE LE ESCLAVIZA, DE SU PECADO QUE LE MANCHA. Pero alabado sea Dios, el ministro del Evangelio tiene un mensaje. Y alabado sea Dios que es un mensaje que hay un remedio para sus pecados. HAY UN PODER QUE LE PUEDE LIMPIAR, HAY UN SALVADOR QUE LE PUEDE SALVAR, Y SU NOMBRE ES JESÚS Y LO PUEDE HACER A CAUSA DE SU SANGRE PRECIOSA. Sí, sin el derramamiento de sangre no hay remisión. ¿por qué? Porque la paga del pecado fue la muerte. Y para que fuera salvado el primogénito de Israel—esa noche estaba pasando el ángel de la muerte , y la muerte tendría que retener su víctima. Pero gloria a Dios, la muerte ya había acontecido en la muerte del cordero inocente y la sangre fue derramada.  Y es la sangre indispensable del bendito Hijo de Dios, no hay ninguna otra respuesta, y gloria a Dios que cuando la justicia requería un sacrificio, Dios dio a Su Hijo, y se presentó. Y dijo Padre, tomaré el lugar del pecador. “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y (gloria a Dios) por su llaga fuimos nosotros curados.”
b.      La virtud de la sangre
                    i.            Cuando pienso en la virtud de la sangre de Jesús pienso en lo que la sangre hace. La sangre provee vida. Lev. 17: 11. Note la palabra expiación. (Acto por el cual, mediante un sacrificio, se busca que Dios sea propicio, satisfaciendo su justicia, borrando la culpa, purificando el alma y reconciliándola con él.) Esta palabra se encuentra por primero vez cuando Dios mandó a Noé que hiciera el arca. Y Dios le mandó a Noé que tomara la brea (y la palabra brea es la misma palabra que expiación) y que la echara por dentro y por fuera. En otras palabras “la ha dado para hacer expiación”—la sangre es el cubierto. Y cuando mis pecados son expiados habla de mi salvación porque mis pecados están cubiertos en la sangre del Señor Jesucristo.Gloria sea a Dios. La sangre provee vida. El primogénito de Israel fue dado vida por la sangre. Gracias a Dios yo soy dado el don más grande que el hombre puede tener. Algo más grande que el millonario puede poseer sin Dios. Escúcheme – el don de Dios es vida eterna—vida en Cristo Jesús Señor nuestro. Vida—por la sangre. Redención por la sangre.
                  ii.            Ap. 5:9 – “cantaban un nuevo cántico – cuando llegamos al cielo y nos postramos ante el Cordero cantaremos un cántico que los ángeles nunca pueden cantar. La palabra redimir quiere decir comprar, volver a comprar algo que perdimos, o libertar al recibir el rescate. Déjamos decirte mi amigo – fue pagado el rescate en la cruz. La sangre preciosa de Jesús. Gloria a Dios para los que son salvos esta noche, gloria a Dios la sangre nos ha redimido de la esclavitud de nuestro pecado.Ya nos somos siervos, ya no somos esclavos al pecado. Porque hemos sido libertados y la Biblia dice “el pecado ya no enseñoreará de vosotros.” Jn. 8:36 --  “si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.” Tal vez hay alguno aquí esta noche y usted no es salvo, no tiene libertad, mire, necesita que sus cadenas estén quitadas y las ataduras quebrantadas. Esto es lo que Cristo quiere hacer a cada uno. Gracias a Dios—la redención, librados de la esclavitud de nuestro pecado, librados del alejamiento de nuestro pecado. Gracias a Dios que ya no estamos alejados de Dios, sino hermanos, “hechos cercanos por la sangre de Cristo.” Ef. 2:13. Reconciliados a Dios. Ya no somos “extranjeros ni advenedizos.”  Ah, déjame decirte esta noche que hay una maravillosa redención para el pueblo de Dios. Libertados de la contaminación de nuestro pecado. “si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.” Oh hermanos, la sangre provee vida, la sangre provee la redención, la sangre provee la justificación porque la Biblia dice: Ro. 5:9 – “estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.” Y la justificación es una palabra jurídica, quiere decir que por Su sangre seremos proclamados justos. Es una declaración de Dios. No es la obra del hombre. Ro. 5:1 –“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.” Y cuando Dios justifica a un hombre quiere decir “como si nunca hubiera yo pecado.” Y Dios nos declara justos. Pero no merecemos esto. Hablando humanamente estamos lejos de eso, pero gloria a Dios no somos lo que antes éramos. Y no somos lo que vamos a ser. Pero gloria a Dios, en la presencia de Dios, en el corte de la justicia de Dios, Él nos declara justos. “estando ya justificados” No dice “estando algún día justificados.” Es una realidad para nosotros ahora. Y la sangre no sólo provee justificación, la sangre provee comunión. Ef. 2: 13. El mensaje de la sangre de Cristo aleja a muchos porque dicen que nuestra religión es una religión de sangre. Pero sin la sangre no hay redención. El hombre que se para en el púlpito y predica un mensaje sin sangre no está predicando el Evangelio. Si un hombre se para y no hay sangre en su mensaje, quiero decirle esto, no hay limpieza del pecado. No hay perdón para el pecado, no hay paz con Dios. Esas cosas vienen por la sangre de Cristo. Puede ser que la sangre aleja a algunos, pero mis amados nos acerca a Dios. Le acerca a Dios, amigo. V. 13. …estabaís lejos---cada uno de nosotros lejos de Dios, viviendo en el pecado – pero hemos sido hechos cercanos – hechos cercanos a Dios, ¿Cómo?” por la sangre de Cristo. ¿Saben por qué? Nuestros pecados hicieron división entre nosotros y Dios – Is. 59:2. Sus pecados le han apartado, sus pecados le alejan de Dios amado amigo. Pero “hay una fuente sin igual de sangre de Emanuel, en donde lava cada cual las manchas que hay en él”. Gloria a Dios ya no hay nada que nos separa de Dios. El pecado nos alejó de Dios, pero la sangre de Jesús nos ha hecho cercanos. Cercanos a Dios.
c.       La voz de la sangre
1.         La voz de perdón. Ef. 1:7. En quien tenemos redención por… Su… sangre. Quiero decirte – no hay liberación del pecado sino por la sangre preciosa de Jesús. No hay salvación, no hay perdón por su pecado. Alabado sea Dios que hay perdón del pecado. No importa lo profundo que haya ido en pecado, hay perdón para el pecado. Piensa en el versículo que dice – el señor Jesús está hablando a la mujer una  mujer que era pecadora, una mujer que era adúltera, una mujer que era una ramera y ella vino a los pies de Jesús y se para en la presencia de Cristo. Y allí se para sin palabras y está llorando. Y entonces se arrodilla y su corazón está partido sobre sus pecados. La Biblia nos dice que tantas eran las lágrimas que derramaba que lavó los pies de Jesús. Y el señor Jesús la miró y dijo, “Mujer, Tus pecados te son perdonados.” No dijo que no tenía. No los ocultó. Pero la voz de la sangre habla perdón.
2.         Col. 1:20 – la sangre de Jesús habla paz. Jesús dijo a Sus discípulos Jn. 14:1 “No se turbe vuestro corazón.” V. 27 .. La paz os dejo, mi paz os doy.”  La voz de la sangre – habla paz. Habla perdón. Hebreos 12.24 dice “la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.” ¿Por qué? La sangre de Abel clamaba desde la tierra. Clamaba para juicio. Clamaba para justicia. Pero la sangre de Cristo no clama para justicia, gracias a Dios, clama para la paz. Porque en el derramamiento de la sangre, la justicia ya fue extraído en la cruz de Cristo. El Justo murió por mí, el injusto para traerme a Dios. Esta noche hay paz en mi corazón, por Su sangre. La sangre de Cristo habla la voz de perdón, la sangre de Cristo habla la voz de paz, y gracias a Dios, la voz de la sangre es la voz
3.         De poder. Ap. 12:11. Su sangre expía por el pecado. Amado pecador en esta capilla, nunca va a poder limpiarse del pecado con su propia fuerza. Sus pecados le separan de Dios. Nunca podrá con su propia fuerza salvar su alma. Pero gracias a Dios, esto lo ha hecho el Señor.  Hay una fuente sin igual, de sangre de Emanuel. No es redimido con cosas corruptibles como oro o plata, pero comprado con la sangre preciosa de Jesús. En la presencia de Dios lo único que puedo decir es “Gracias, Señor por haber pensado en mí. Gracias por amarme. Señor Jesús gracias por derramar tu sangre para salvarme y para quitar mi pecado.
IV.  Conclusión
a. Capítulo 5 del libro de Apocalipsis. Para entender mejor lo que está sucediendo aquí, volvamos al principio de capítulo 4 donde a Juan le es dado el incomparable privilegio de ver a Dios retirar el velo y dejar a Juan echar un vistazo a las cámaras interiores del cielo, y dice al principio de capítulo 4:1, 2 – ahora escuche como Juan  describe la visión del uno que ve entronado en el cielo. Él apela al uso de piedras preciosas para describir la apariencia de Dios. Él que estaba sentado allí tenía la apariencia de piedras preciosas-vv.3-5. Escuche lo que dice –v. 6ª. Ahora esa descripción de la presencia de Dios sentado en Su trono es un prefacio a lo que acontece en el capítulo 5 donde el juicio está puesto. Y capítulo 5 comienza con est6as palabras—v. 1. Juan está pensando,¿Qué es ese libro? ¿Qué misterios contiene en la escritura por dentro y por fuera? ¿Por qué es tan importante, tan precioso que tiene que estar sellado de la vista humana, no con un sello, pero con siete sellos. Sellado tan bien que ningún mortal puede abrirlo forzando y mirar su contenido. Dice- v.2ª- la proclamación que sale de la boca de este ángel que se proclama con gran voz fue una pregunta-v. 2b –el ángel prácticamente grita esa pregunta mientras resuena y hace eco en las cámaras interiores del cielo. ¿Quién es digno de abrir este sello? Y usted puede sentir la emoción inmediata que inunda el corazón de Juan mientras mira alrededor del cuarto y ve a los ángeles y a los ancianos. Él espera para Uno que sea digno, Uno que va a pasar al frente, tomar el libro, romper los sellos, y abrir los secretos de Dios. Y en su anticipación se estira para ver quién va a responder, quien va a pasar, pero, Ay, ninguno vino. Y de repente su corazón se desmaya en una desilusión terrible. Y comienza a llorar, no un lloro suave y callado, donde desliza una lágrima por su mejilla ara manifestar su desilusión. No Juan nos dice aquí –v. 4ª-está sollozando. ¿Por qué? Porque ninguno fue encontrado digno de abrir el libro y mirarlo. ¿Puede usted imaginar su  desilusión? Él pensó que estaba para ver los misterios de las edades. Pero todo llega a un alto, ¡porque no pudieron encontrar a ninguno digno! ¡Parte su corazón! Llora en su decepción pero su lloro es interrumpido por otra voz. V. 5. ¡No llores! ¡Deja de llorar, Juan! ¡Seca tus lágrimas! Ya no llores porque—5b-Las emociones de Juan son como un altibajo. Rápido desaparecen las lágrimas y está lleno otra vez de emoción porque oye el anuncio que uno ha prevalecido. ¡El León de Judá! ¡Él ha vencido! Él puede abrir el libro! Y Juan mira alrededor. No puede esperar ver el León entrar en el cuarto saltando, dirigiéndose al trono de Dios, tomando el libro y con sus poderosas garras rompiendo los sellos y poniendo de manifiesto la revelación del libro. Es como si Dios está jugando con sus emociones. No importa lo intenso que mira, no puede ver a ningún león. Pero entre el trono y los cuatro seres vivientes, entre los ancianos, ve a un Cordero como inmolado. Ningún león. Sólo un Cordero que había sido matado. Y este Cordero, este Cordero precioso, este Cordero sin mancha, fue, y tomó el libro de la mano de Él que estaba sentado en el trono. Y cuando había tomado el libro “los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos; y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; 10y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.” Y Juan oye este cántico y mira alrededor y oye más cantar. Ve a los seres vivientes, los ancianos, y oye la voz de muchos ángeles—millones y millones—todos diciendo con grande voz—vv12,13. Y ¿sabe qué fue la respuesta a esto en el cielo? Una palabra. Amén. Porque Él reinará para siempre y siempre y siempre y luego para siempre y siempre y siempre. Aleluya. Amén.


Cuando Jesús Retorne - La Segunda Venida 

"Así, pues, todas las veces que comiéreis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis HASTA QUE EL VENGA" (1 Co 11:26).
A. LA PROMESA DE SU RETORNO
La Segunda Venida del Señor Jesús a la tierra es uno de los temas más importantes para todo cristiano. Los escritores del Nuevo Testamento lo discutieron más de 300 veces y el lenguaje usado fue casi siempre imperativo. Lo primero que necesitamos saber acerca de la Segunda Venida es que es un evento muy SEGURO.
1. Jesús Habló Acerca De Su Propio Retorno
"Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo en las nubes del cielo, con poder y gran gloria" (Mt 24:30). Lea también Juan 14:2, 3.
2. Los Ángeles La Predijeron
"Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo" (Hch 1:10, 11).
3. Los Cristianos Primitivos Se Animaban Mutuamente Con Esa Esperanza
"Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras" (1 Ts 4:16-18). Lea también Apocalipsis 1:7.
4. El Espíritu Santo Da Testimonio De Ésta
"Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado las arras del Espíritu" (2 Co 5:5).
"Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y tardía. Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca" (Stg 5:7, 8). Lea también Hebreos 10:37.
B. ¿CÓMO REGRESARÁ JESÚS?
1. Repentinamente
"Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad hermanos, de que yo os escriba. Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina..." (1 Ts 5:1-3). Lea también los versículos 4-11.
2. Como El Relámpago
"Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre" (Mt 24:27). Lea también Lucas 17:24.
3. Vendrá De La Misma Manera En La Que Se Fue
"...Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo" (Hch 1:10, 11).
4. Con Gran Poder Y Gloria
"Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria" (Lc 21:27).
5. Todo Ojo Le Verá A Plenitud
"He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén" (Ap 1:7).

C. EVENTOS DRAMÁTICOS TOMARÁN LUGAR
1. El Misterio De Las Épocas Será Concluido
"...el tiempo no sería más, sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas" (Ap 10:6, 7). Lea también Romanos 16:25, 26.
2. El Pueblo De Dios Entrará A La Plenitud De Su Gloria
"Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas" (Fil 3:20, 21). Lea también 1 Co 15:35-53.
3. Los Muertos En Cristo Resucitarán Primero
"Sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús, y nos presentará juntamente con vosotros" (2 Co 4:14). Lea también Juan 6:40; 11:25.
4. Los Santos Que Todavía Viven, Serán Arrebatados Para Encontrarse Con Él
"Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro" (Mt 24:31).
5. La Creación Será Liberada De Su Esclavitud
"Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será liberada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios" (Ro 8:19-21). Lea también el versículo 22 e Isaías 35:1-7.
6. Todo Enemigo Será Destruido
"Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies" (1 Co 15:24, 25). Lea también 2 Tesalonicenses 1:7-10; 2-8.
7. Satanás Será Atado
"Y vi un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano. Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años" (Ap 20:1, 2). Lea también los versículos 3, 7-10.
8. El Juicio Divino Será Ejecutado
"Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder" (2 Ts 1:6-9).
9. Un Reino Será Establecido, El Cual Nunca Será Destruido
"Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre" (Dn 2:44). Lea también Apocalipsis 19:15, 16.
MI CONSIGNA
La Segunda Venida de Jesús es mi gran esperanza para el futuro. Le contaré a tantas personas como me sea posible acerca de Jesús, mi Salvador, antes de que Él regrese otra vez. Estoy entregado a Él. Espero con emoción el día de Su Venida.

Cristo como Sacerdote


Cristo Como Sacerdote (Los Oficios De Cristo)
Los Oficios De Cristo

El profeta hablaba a los hombres de Dios; el sacerdote habla de los hombres a Dios. En el Antiguo Testamento, los sacerdotes eran nombrados por Dios para ofrecer sacrificios. También ofrecían oraciones y alabanzas a Dios en nombre del pueblo. Mediante su ministerio «santificaban» al pueblo o le hacían aceptable para acercarse a la presencia de Dios, si bien es cierto que de una forma limitada en el período del Antiguo Testamento. En el Nuevo Testamento Jesús se convirtió en nuestro sumo sacerdote. Este tema lo encontramos ampliamente desarrollado en la carta a los Hebreos, donde encontramos a Jesús funcionando como sacerdote en dos maneras.
1. Jesús ofreció un sacrificio perfecto por el pecado.
El sacrificio que Jesús ofreció por los pecados no fue la sangre de los animales como los toros o machos cabríos: «Ya que es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados» (He 10:4). En su lugar, Jesús se ofreció a sí mismo en sacrificio: «Si así fuera, Cristo habría tenido que sufrir muchas veces desde la creación del mundo. Al contrario, ahora, al final de los tiempos, se ha presentado una sola vez y para siempre a fin de acabar con el pecado mediante el sacrificio de sí mismo» (He 9:26).
Fue un sacrificio completo y definitivo, que nunca habrá que repetirse, tema en el que con frecuencia se hace hincapié en el libro de Hebreos (vea 7:27; 9:12, 24-28; 10:1-2,10,12,14; 13:12). Por tanto, Jesús cumplió todas las expectativas que fueron prefiguradas, no solo por los sacrificios del Antiguo Testamento, sino también por medio de la vida y acciones de los sacerdotes que los ofrecían: él fue a la vez el sacrificio y el sacerdote que ofrecía el sacrificio. Jesús es ahora el «gran sumo sacerdote que ha atravesado los cielos» (He 4:14) y el que se ha presentado «ante Dios en favor nuestro» (He 9:24), puesto que él ha ofrecido un sacrificio que acaba para siempre con la necesidad de otros sacrificios.
2. Jesús continuamente nos lleva cerca de Dios.
Los sacerdotes del Antiguo Testamento no solo ofrecían sacrificios, sino que también en una forma representativa entraban a la presencia de Dios en fechas determinadas a favor del pueblo. Pero Jesús hace mucho más que eso. Como nuestro perfecto sumo sacerdote, nos lleva continuamente a la presencia de Dios de forma que ya no tenemos necesidad de un templo como el de Jerusalén, ni de un sacerdocio especial que esté entre Dios y nosotros. Y Jesús no entra a la parte interior (el lugar santísimo) de un templo terrenal en Jerusalén, sino que ha ido a lo que es equivalente al lugar santísimo en el cielo, a la misma presencia de Dios en el cielo (He 9:24). Por tanto, tenemos la esperanza que le seguiremos allí: «Tenemos como firme y segura ancla del alma una esperanza que penetra hasta detrás de la cortina del santuario, hasta donde Jesús, el precursor, entró por nosotros, llegando a ser sumo sacerdote para siempre» (He 6:19-20). Esto quiere decir que tenemos un privilegio mucho más grande que el que tuvieron los creyentes que vivieron en los tiempos del templo del Antiguo Testamento. Ellos ni siquiera podían entrar al primer cuarto en el templo, el lugar santo, porque solo los sacerdotes podían entrar allí. Y solo el sumo sacerdote podía entrar al cuarto más anterior del templo, es decir, al lugar santísimo, y solo podía hacerlo una vez al año (He 9:1-7). Cuando Jesús ofreció un sacrificio perfecto por los pecados, la cortina o velo del templo que cerraba el lugar santísimo se rasgó de arriba abajo (Le 23:45), indicando de esa forma simbólica en la tierra que el camino de acceso a Dios en el cielo había quedado abierto mediante la muerte de Jesús el Cristo. Por tanto, el autor de hebreos puede exhortar de esta manera tan asombrosa a todos los creyentes:
Así que, hermanos, mediante la sangre de Jesús, tenemos plena libertad para entrar en el Lugar Santísimo, por el camino nuevo y vivo que él nos ha abierto a través de la cortina, es decir, a través de su cuerpo; y tenemos además un gran sacerdote al frente de la familia de Dios. Acerquémonos, pues, a Dios con corazón sincero y con la plena seguridad que da la fe. (He 10:19-22).
Jesús abrió para nosotros el camino de acceso a Dios de manera que podamos continuamente acercamos a la misma presencia de Dios sin temor, con «plena libertad» y con la «plena seguridad que da la fe».
3. Como sumo sacerdote, Jesús intercede continuamente por nosotros.
Otra de las funciones sacerdotales en el Antiguo Testamento era la de orar a favor del pueblo. El autor de hebreos nos dice que Jesús también cumple con esta función: «Por esto también puede salvar por completo a los que por medio de él se acercan a Dios, ya que vive siempre para interceder por ellos» (He 7:25). Pablo afirma lo mismo cuando dice que Cristo Jesús «está a la derecha de Dios e intercede por nosotros» (Ro 8:34).
Algunos han argumentado que esta actividad de intercesión como sumo sacerdote es solo el acto de permanecer en la presencia del Padre como un recordatorio continuo de que él ya ha pagado el castigo por todos nuestros pecados. Según este punto de vista, Jesús no hace en realidad oraciones específicas a Dios el Padre sobre necesidades individuales en nuestra vida, y que «intercede» solo en el sentido de permanecer en la presencia de Dios como nuestro sumo sacerdote que nos representa.
Sin embargo, este punto de vista no parece coincidir con el vocabulario que se usa en Romanos 8:34 y Hebreos 7:25. En ambos casos, la palabra intercede traduce el término griego “entygcano”. La palabra no parece indicar simplemente «estar ante alguien representando a otra persona», sino que tiene claramente el sentido de hacer peticiones o solicitudes específicas delante de alguien. Por ejemplo, Festo usa la palabra para decirle a Agripa: «Aquí tienen a este hombre. Todo el pueblo judío me ha presentado una demanda contra él» (Hch 25:24). Pablo también la usa en cuanto a Elías cuando «acusó a Israel delante de Dios» (Ro 11:2). En ambos casos las peticiones son muy específicas, no solo representaciones generales.1
Podemos concluir, entonces, que tanto Pablo como el autor de hebreos están diciendo que Jesús vive continuamente en la presencia de Dios para hacer peticiones específicas y para llevar a Dios peticiones específicas a nuestro favor. Esta es una función de Jesús, como Dios-hombre, para la que está singularmente calificado. Aunque Dios se cuida de todas nuestras necesidades en respuesta a su observación directa (Mt 6:8), no obstante, a Dios le ha placido en sus relaciones con la raza humana, actuar más bien en respuesta a la oración, porque, al parecer, él es glorificado mediante la fe que se muestra por medio de la oración. Son especialmente agradables para él las oraciones de hombres y mujeres creados a su imagen y semejanza.
En Cristo, a un hombre verdadero y perfecto, que ora por nosotros y de ese modo Dios es glorificado continuamente mediante la oración. Así nuestra condición humana se eleva a una posición exaltada: «Hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre» (1 T. 2:5).
Pero solo en su naturaleza humana Jesús no podía ser, por supuesto, un sumo sacerdote así para todo su pueblo en todo el mundo. Él no podía oír las oraciones de personas que estaban lejos, no podía escuchar las oraciones que eran solo dichas en la mente de las personas. Él no podía oír todas las peticiones simultáneamente (porque en el mundo en cualquier momento determinado hay millones de personas que están orando a Jesús). Por tanto, a fin de ser el sumo sacerdote perfecto que intercede por nosotros, él tiene que ser Dios además de hombre. Él tiene que ser uno que en su naturaleza divina puede conocer todas las cosas y llevarlas a la vez a la presencia del Padre. Con todo, debido a que se hizo hombre y continúa siendo un hombre, tiene el derecho de representarnos ante Dios y puede expresar su petición desde la perspectiva del sumo sacerdote compasivo que conoce por experiencia lo que nosotros estamos pasando.
Por tanto, Jesús es la única persona en todo el universo que puede por toda la eternidad ser un sumo sacerdote celestial que es verdaderamente Dios y verdaderamente hombre, exaltado para siempre sobre los cielos.
El pensamiento de que Jesús está continuamente orando a nuestro favor debe darnos gran aliento. Él siempre ora por nosotros conforme a la voluntad del Padre, de manera que podamos saber que sus peticiones son concedidas.
Berkhof dice: “Es un pensamiento consolador saber que Cristo está orando por nosotros, incluso cuando somos negligentes en nuestra vida de oración; que está presentando al Padre aquellas necesidades espirituales que no estaban presentes en nuestra mente y que a menudo olvidamos incluir en nuestras oraciones; y que ora por nuestra protección en contra de peligros de los que no estamos conscientes, y en contra de enemigos que nos amenazan, aun cuando nosotros no nos demos cuenta. Está orando que nuestra fe no cese y que salgamos al final vencedores.
Referencias de esta sección:
1 La literatura fuera del Nuevo Testamento provee de otros ejemplos del uso de entygchano que significa «presentar peticiones o solicitudes». Vea, p. ej., Sab. 8:21 «<Recurrí al señor y le pedí, y dije con todo mi corazón» (Biblia Jerusalén); 1 Mac. 8:32; 3 Mac. 6:37 (<<Ellos le pidieron al rey que los enviara de regreso a su hogan); 1 Cle. 56:1;  Eps. de Policarpo a los Filipenses 4:3; Josefo, Antigüedades 12:18; 16:170 (los judíos de Cirene le hicieron una petición a Marco Agripa en relación con personas en su tierra que falsamente estaban recogiendo impuestos). Se pueden encontrar también otros ejemplos (cf. también Ro 8:27, y usando una palabra relacionada, v. 26).
El Tipo de Sacerdocio de Cristo:
El hecho de pertenecer a la tribu de Judá descalificaba a Cristo para ser un sacerdote aarónico; por lo tanto, Dios hizo arreglos para otro orden de sacerdotes antes de Su venida, el orden de Melquisedec; y Cristo es un sacerdote de ese orden con respecto a Su persona y Su obra.
Sin embargo, hay similitudes entre los sacerdotes aarónicos y Cristo como Sacerdote tanto en Su personas como en Su obra.
A. Como Sacerdote aarónico
Un sacerdote aarónico tenía que ser un hombre escogido por Dios y calificado para Su obra (Levítico 21; Hebreos 5:1–7).
Nuestro Señor, escogido, encarnado, y probado, llenaba los requisitos en Su persona para ser un Sacerdote ministrador.
Los sacerdotes aarónicos servían representando el pueblo ante Dios y especialmente en ofrecer sacrificios. Sus sacrificios eran muchos, repetidos, no eternamente eficaces en sí mismos. Sí hacían expiación por el pecado en el contexto de la teocracia, pero el escritor de Hebreos clarifica que si éstos pudieran haber efectuado satisfacción eterna por el pecado, no habría sido necesario repetirlos año tras año (10:2–3). Por el contrario, el sacrificio de Sí mismo de nuestro Señor, por nuestros pecados fue un solo sacrificio, una vez para siempre, y por toda la humanidad. En ésta, Su gran obra de redención, realizó un acto que fue prefigurado por la labor de los sacerdotes aarónicos, aunque El no fue un sacerdote según el orden de Aarón.
B. Como Sacerdote del orden de Melquisedec
La descripción de Melquisedec en Génesis 14:18–20 y Hebreos 7:1–3 parece deliberadamente limitada a esas características que lo hacen semejante a Cristo. La frase “hecho semejante” en 7:3 no es un adjetivo que pudiera indicar que Melquisedec era como Cristo en su ser (lo que prestaría evidencia a la interpretación de que él era una teofanía), sino un participio, que indica que la semejanza se está estableciendo por la declaración del autor bíblico. Las características de la descripción se limitan para que la semejanza pueda ser más extensiva.
Los rasgos del sacerdocio de Melquisedec incluyen los siguientes:
(1) Era un sacerdocio real. Melquisedec era un rey tanto como un sacerdote. La unión de estas dos funciones no se conocía entre los sacerdotes aarónicos, aunque fue profetizada de Cristo en Zacarías 6:13.
(2) No se relacionaba con la ascendencia. “Sin padre, sin madre” no significa que Melquisedec no tenía padres, ni que él no nació, ni murió, sino solamente que las Escrituras no contienen el archivo de estos eventos a fin de que él pudiera ser hecho semejante a Cristo en forma más perfecta. Los sacerdotes aarónicos dependían de su ascendencia para poder ejercer.
(3) No se especificaba su tiempo, sin constancia de su principio o su fin para que Melquisedec pudiera ser más semejante al Señor, que es Sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.
(4) Era superior al orden aarónico. Abraham, del cual vino el orden aarónico, reconoció la superioridad de Melquisedec cuando le dio diezmos de lo que ganaron en la guerra (Génesis 14:20). Leví, aunque no había nacido, y todos los sacerdotes que descendieron de él estuvieron implicados en este acto que demostró la superioridad de Melquisedec.
¿En qué manera funciona Cristo como un sacerdote del orden de Melquisedec? Como Melquisedec, El es un gobernante. Recibe nuestra reverencia. Nos bendice. Y como Melquisedec le ofreció pan y vino a Abraham para confortarlo y sostenerlo después de la batalla, así nuestro Señor como Sacerdote refresca y sostiene a Su pueblo. El hizo esto, por ejemplo, con Esteban a la hora de su martirio. Nuestro Señor se manifestó a Esteban para sostenerle (Hechos 7:55). El hace lo mismo hoy en día con respecto a las iglesias locales mientras se pasea entre los candeleros de oro (Apocalipsis 2:1). Su obra de redención ya está terminada, así que El se ve sentado, lo que indica que nunca tendrá que levantarse de nuevo para volver a efectuarla o para agregarle algo (Hebreos 1:3). Pero Su ministerio de ayudar y sostener continúa, así que El se ve de pie para hacer esto. Tenemos un gran Sumo Sacerdote de pie y listo para venir en ayuda de los que están siendo probados (2:18) y deseoso de dar gracia para ayudar en tiempo de necesidad (4:16).

Cristo como Rey


Cristo Como Rey (Los Oficios De Cristo)
Los Oficios De Cristo

En el Antiguo Testamento el rey tenía la autoridad de gobernar sobre la nación de Israel. En el Nuevo Testamento, Jesús nació para ser rey de los judíos (Mt 2:2), pero rehusó los intentos de las personas para hacerle rey terrenal con poder terrenal militar y político Jn6:15).Jesús respondió a Pilato: «Mi reino no es de este mundo. Si lo fuera, mis propios guardias pelearían para impedir que los judíos me arrestaran. Pero mi reino no es de este mundo» Jn 18:36). Sin embargo, Jesús tiene un reino cuya llegada él anunció en su predicación (Mt 4: 17,23; 12:28, et al). Él es en realidad el verdadero rey del nuevo pueblo de Dios. Por eso no quiso reprender a sus discípulos cuando le aclamaban en su entrada triunfal a Jerusalén: «¡Bendito el Rey que viene en el nombre del Señor!» (Lc 19:38; cf. vv. 39-40; también Mt.21:5; Jn 1:49; Hch 17:7).
El concepto de rey incluye una amplia esfera de prerrogativas. Un rey en Israel tenía poderes legislativos, ejecutivos, judiciales, económicos, y militares. El concepto de Cristo como Rey puede contemplarse alrededor de cinco palabras: prometido, predicho, propuesto, rechazado, y realizado. El pacto misericordioso de Dios con David prometía que el derecho de reinar siempre permanecería en la dinastía de David. No prometía el reinar sin interrupción, porque, de hecho, el cautiverio babilónico lo interrumpió (2 Samuel 7:12–16). Isaías profetizó que un Niño que iba a nacer establecería y reinaría sobre el trono de David (Isaías 9:7).
Gabriel le anunció a María que su Bebé iba a tener el trono de David y reinaría sobre la casa de Jacob (Lucas 1:32– 33). A través de Su ministerio terrenal el reinado davídico de Jesús fue propuesto a Israel (Mateo 2:2; Juan 12:13), pero El fue rechazado.
Los gadarenos desecharon Sus asunciones (Mateo 8:34). Los escribas rechazaron Su atribución de poder perdonar los pecados (9:3).
Muchas personas en varias ciudades rechazaron Sus credenciales (11:20–30; 13:53–58).
Los fariseos lo rechazaron (12; 15:1–20; 22:15–23). Herodes, Poncio Pilato, gentiles y judíos, todos lo rechazaron decididamente en la crucifixión (Juan 1:11; Hechos 4:27).
Por haber sido el Rey rechazado, el reino mesiánico, davídico (desde un punto de vista humano) fue aplazado.
Después de su resurrección, Jesús recibió del Padre mucha más autoridad sobre la iglesia y el universo. Dios lo resucitó de entre los muertos y «lo sentó a su derecha en las regiones celestiales, muy por encima de todo gobierno y autoridad, poder y dominio, y de cualquier otro nombre que se invoque, no sólo en este mundo sino también en el venidero. Dios sometió todas las cosas al dominio de Cristo, y lo dio como cabeza de todo a la iglesia» (Ef.1:20-22; Mt 28:18; 1 Co 15:25).
Aunque El nunca cesa de ser Rey y, por supuesto, es Rey hoy como siempre, Cristo nunca se designa como Rey de la iglesia (Hechos 17:7 y 1 Timoteo 1:17 no son excepciones, y en Apocalipsis 15:3, “Rey de los santos” en la versión Reina-Valera, es “Rey de las naciones” en los textos críticos y de la mayoría). Aunque Cristo es Rey hoy en día, El no gobierna como Rey.
Esa autoridad sobre la iglesia y sobre el universo quedará  completamente reconocida por las personas cuando Jesús regrese a la tierra en poder y gran gloria para reinar (Mt 26:64; 2 Ts 1:7-10; Ap 19:11-16).
En aquel día será reconocido como «Rey de reyes y Señor de señores» (Ap 19:16) y toda rodilla se doblará ante él (Fil2:1O).
Esto se espera en Su segunda venida. Entonces se realizará el reino davídico (Mateo 25:31; Apocalipsis 19:15; 20). Entonces el Sacerdote se sentará en Su trono, trayendo a esta tierra la tan esperada Edad de Oro (Salmo 110).

Cristo como profeta


Cristo Como Profeta (Los Oficios de Cristo)
Los Oficios De Cristo

EXPLICACIÓN Y BASES BÍBLICAS
Había tres oficios principales en el pueblo de Israel en el Antiguo Testamento: El de profeta (como Natán, 2 S 7:2); el de sacerdote (como Abiatar, 1 S 30:7), y el de rey (como el rey David, 2 S 5:3). Estos tres oficios eran distintos. El profeta comunicaba el mensaje del Dios al pueblo; el sacerdote ofrecía los sacrificios, las oraciones y alabanzas a Dios en nombre del pueblo; el rey gobernaba al pueblo como representante de Dios. Estos tres oficios anticipaban la obra de Cristo en maneras diferentes. Por tanto, ahora podemos examinar de nuevo la obra de Cristo pensando en el significado de estos tres oficios o categorías.’ Cristo cumplió estos tres oficios en las siguientes formas: Como profeta nos revela a Dios y da a conocer las palabras de Dios; como sacerdote ofrece un sacrificio a Dios a nuestro favor y él mismo es el sacrificio; y como rey él gobierna sobre la iglesia y también sobre el universo. Vayamos ahora al estudio de cada uno de ellos en detalle.
CRISTO COMO PROFETA
A. La designación de Cristo como Profeta
Moisés predijo que un profeta como él mismo sería levantado por Dios (Deuteronomio 18:15). Aparte de los otros cumplimientos que esto pudiera haber tenido en la sucesión de los profetas del Antiguo Testamento, su cumplimiento final fue en Jesucristo, a quien se le identifica como ese Profeta (Hechos 3:22–24). Las personas comunes en los días de Cristo lo reconocieron a Él como un Profeta, con tanto entusiasmo que los principales sacerdotes y los fariseos temían represalias si
Tomaban alguna fuerte acción contra el Señor (Mateo 21:11, 46; Juan 7:40–53). Además, le llamaban Rabí (1:38; 3:2), no porque había sido entrenado formalmente, sino porque reconocieron la calidad de Su enseñanza.
Nuestro Señor también declaró ser un Profeta (Mateo 13:57; Marcos 6:4; Lucas 4:24; 13:33; Juan 4:44) que vino a hacer lo que hicieron los profetas, i.e., comunicarle el mensaje de Dios al hombre (8:26; 12:49–50; 15:15; 17:8).
B. El estilo de Cristo como Profeta
Una de las principales actividades de nuestro Señor mientras estuvo en la tierra era proclamar el mensaje de Dios por medio de la predicación (Mateo 4:17) y la enseñanza (7:29).
El estilo de Su predicación y enseñanza incluía estas características interesantes.
1. Era algo ocasional. Esto no significa que enseñaba con poca frecuencia, sino más bien que lo hacía cuando surgía la oportunidad. Siempre estuvo abierto a las oportunidades y a la variedad de situaciones que se presentaban. Usaba los servicios en la sinagoga cuando era posible (Marcos 1:21). Predicaba al aire libre si una situación de puertas adentro no estaba disponible (4:1). El se asía de cada oportunidad.
2. No era sistemático. Esto se debe a que El tomaba las oportunidades a medida que surgían, en vez de esperar que un currículo planeado se pudiera seguir. Piense, por ejemplo, de dónde usted va encontrar la enseñanza del Señor sobre el pecado; y la respuesta está en varios pasajes de varias clases—algunos didácticos, otros parabólicos—. El intérprete de la Escritura tiene que sistematizar las enseñanzas de Cristo.
3. Era profusamente ilustrado. Y las ilustraciones mismas eran variadas y escogidas apropiadamente para la audiencia (note una ilustración para mujeres y otra para hombres en Mateo 24:40–41 y Lucas 15:4, 8).
4. Empleaba las preguntas. Esto lo hacía especialmente en situaciones de controversia (Mateo 22).
5. Tenia Autoridado. Esta era probablemente la característica sobresaliente del ministerio de Cristo como Profeta. Su autoridad se definía en contraste agudo con la enseñanza de los escribas y fariseos (Marcos 1:22) porque investigaba las profundidades de la realidad de la verdad.
C. El material de Cristo como Profeta
Aunque mucho de Su material profético está esparcido a través de los Evangelios, hay tres pasajes mayores preservados para nosotros: el Sermón del Monte (Mateo 5–7), el mensaje sobre el Monte de los Olivos el martes de la Semana Santa (Mateo 24–25), y el mensaje a los discípulos en el aposento alto el jueves por la noche (Juan 13–16).
Las enseñanzas de Cristo posiblemente sean la parte más difícil de interpretar precisamente en la Biblia entera. ¿Por qué es esto? Porque nuestro Señor vivió bajo la ley mosaica y la cumplió perfectamente; pero El también se presentó a Israel como su Rey; y cuando fue rechazado como Rey, introdujo una parte nueva del programa de Dios, la iglesia, y dio alguna enseñanza tocante a ella. En otras palabras, El vivió y enseñó con relación a tres aspectos diferentes del programa de Dios para este mundo: la ley, la iglesia, y el reino. El mantener esos aspectos de enseñanza distinguibles y sin confusión no es siempre fácil.
1. El Sermón del Monte. Algunos consideran este discurso como una exposición del camino de la salvación. El problema con semejante interpretación es simplemente que las grandes palabras de la salvación como la redención o la justificación nunca ocurren en todos estos capítulos. También, si ésta es la interpretación correcta entonces la salvación es ciertamente por medio de las buenas obras.
Otros consideran el sermón como un bosquejo para la vida cristiana hoy en día. Para usarlo de esta manera habría que desliteralizar mucho de lo que se enseña para poder obedecerlo en este mundo injusto. Además, si esto se aplica a la iglesia, entonces ¿por qué no mencionó nuestro Señor al Espíritu Santo, tan importante para la vida cristiana, o aun a la misma iglesia?
Aun otros entienden que su propósito principal tenía que ver con el mensaje del reino de Cristo. Juan, el precursor, había anunciado el reino (Mateo 3:2); Cristo mismo comenzó a predicar ese mensaje (Mateo 4:17); ahora El explicaba lo que abarcaba el arrepentimiento genuino. El reino que ellos predicaron y el que el pueblo esperaba era ese reino mesiánico, davídico, milenial prometido en el Antiguo Testamento. Cristo en ninguna manera indicó que debieran haber entendido de otra manera por cambiar ellos el significado del reino del cual El estaba hablando. Pero el pueblo había puesto tanto su esperanza en un reino político que se olvidaron de que también había requisitos espirituales aun para ese reino político. Así que el Señor explicó lo que abarcaba la preparación espiritual para el reino davídico. Predicado con relación al reino, este discurso parece enfatizar primordialmente la preparación para el reino. Algunos de los requisitos, para practicarlos íntegramente, necesitarían el establecimiento del reino con su gobierno justo (5:38–42), aunque el principio general se puede seguir en todo tiempo.
Así que el sermón es un llamado al arrepentimiento para aquellos que habían desasociado el cambio interior, de los requisitos para establecer el reino. Por lo tanto, es aplicable a cualquier tiempo en que el reino sea inminente—lo que incluye el tiempo en que Cristo lo predicó, y el de la futura Tribulación. También describe las condiciones que imperarán cuando el reino esté establecido. Pero, como toda la Escritura, es provechoso para los discípulos en cualquier edad, puesto que es uno de los códigos éticos más detallados en la Biblia.
2. El mensaje del monte de los Olivos. Por el tiempo en que este mensaje se dio, al final de la vida terrenal de Cristo, era evidente que los líderes judíos habían rechazado el reino, y Cristo mismo había indicado que la iglesia sería lo próximo en el programa de Dios (Mateo 16:18). ¿Significaba esto que el reino fue quitado para siempre del programa de Dios? En ninguna manera. Y este mensaje detalla algunos eventos futuros conducentes al regreso de Cristo para establecer ese reino mesiánico, davídico, y milenial. Mateo 24:4–14 enumera detalles que ocurrirán durante la primera parte del período de la Tribulación. Los versículos 15–28 hacen lo mismo respecto de la segunda mitad de ese período. Entonces Cristo regresará a la tierra y tomará el trono de Su reino (v. 30; 25:31, 34). El hecho de que esto no ocurrió durante la vida de los discípulos, en ninguna forma abroga la seguridad de que un día Cristo regirá en Su reino (Hechos 1:6).
3. El mensaje en el aposento alto. La noche antes de Su crucifixión el Señor reveló sucintamente varias cosas acerca de la nueva edad de la Iglesia que pronto sería inaugurada. El repitió estas cosas en forma comprimida porque los discípulos todavía no podían entender lo que realmente estaba ocurriendo (Juan 16:12). ¿Cuáles fueron algunas de esas nuevas revelaciones?
(1) Dio un nuevo mandamiento: amarnos el uno al otro de la misma manera que El nos ama (13:34). (2) Abrió una nueva esperanza: un lugar que El iba a preparar para llevar allí a los creyentes (14:1–3). (3) Prometió otro Paracleto, el cual ministraría en varias nuevas maneras: aconsejando, exhortando, consolando, intercediendo, redarguyendo, enseñando, etcétera (v. 16). (4) Puso al descubierto nuevas relaciones: el Espíritu Santo en ellos, no solamente con ellos; los creyentes en Cristo, y Cristo en los creyentes (vv. 17, 20). (5) Estableció una nueva base para la oración: en Su nombre (16:24, 26). Todas éstas revelan diferencias tremendas entre la economía entonces vigente y la nueva dispensación venidera de la iglesia.
D. La autenticación de Cristo como Profeta
La ley ordenaba que los falsos profetas fuesen apedreados (Deuteronomio 13:5, 10). Por supuesto, si un profeta vivía hasta el tiempo en que se veía si su profecía se cumplía o no, entonces uno podía reconocer fácilmente si era un profeta falso o genuino. Si no vivía hasta ese tiempo, entonces era más difícil. El ministerio profético de nuestro Señor fue autenticado en dos maneras: por poderse ver el cumplimiento de algunas de Sus profecías, y por los milagros que le verificaron a las personas en Su tiempo que El era un Profeta.
La prueba conclusiva es Su detallada predicción de Su muerte. El profetizó que alguien cercano a Él le traicionaría (Mateo 26:21), que Su muerte sería instigada por los líderes judíos (16:21), que moriría por crucifixión, y que tres días después resucitaría (20:19). El que pudiera dar estos detalles acerca de Su muerte y que estos detalles se cumplieran lo autentica como un Profeta verdadero. Además, algunos de los milagros de Cristo estaban directamente vinculados al testimonio de que El era un Profeta genuino (Lucas 7:16; Juan 4:19; 9:17). Verdaderamente, en estos postreros días Dios nos ha hablado por el Hijo (Hebreos 1:1–2).
¿Porque  no se menciona Literalmente a Cristo Como profeta en los Evangelios?
Sin embargo, es significativo que en las epístolas nunca se habla de Jesús como profeta ni como el profeta. Esto es especialmente significativo en los primeros capítulos de Hebreos, porque allí había una oportunidad clara de identificar a Jesús como profeta si el autor hubiera querido hacerlo. Empieza diciendo: «Dios, que muchas veces y de varias maneras habló a nuestros antepasados en otras épocas por medio de los profetas, en estos días finales nos ha hablado por medio de su Hijo.
A éste lo designó heredero de todo, y por medio de él hizo el universo» (He 1: 1-2).
Entonces después de hablar de la grandeza del Hijo en los capítulos 1-2, el autor no concluye esta sección diciendo: «Por tanto, consideren a Jesús, el más grande de los profetas», o algo parecido a eso, sino que más bien dice: «Por lo tanto, hermanos, ustedes que han sido santificados y que tienen parte en el mismo llamamiento celestial, consideren a Jesús, apóstol y sumo sacerdote de la fe que profesamos» (He 3:1). ¿Por qué evitan las epístolas del Nuevo Testamento el llamar a Jesús profeta? Al parecer porque, aunque Jesús es el profeta que Moisés anticipó, es mucho más grande que cualquiera de los otros profetas del Antiguo Testamento, en dos maneras:
1. Él es aquel acerca de quien se hablaba en las profecías del Antiguo Testamento.
Cuando Jesús habló con los dos discípulos en el camino a Emaús, él los llevó por todo el Antiguo Testamento, y les mostró que las profecías apuntaban hacia él: «Entonces, comenzando por Moisés y por todos los profetas, les explicó 10 que se refería a él en todas las Escrituras» (Lc.24:27). Les dijo a estos discípulos: «¡Qué torpes son ustedes, y qué tardos de corazón para creer todo lo que han dicho los profetas!, y les señaló: «¿Acaso no tenía que sufrir el Cristo estas Cosas antes de entrar en su gloria?» (Lc 24:25-26; cf. 1 P 1:11, donde se dice que los profetas del Antiguo Testamento testificaron «de antemano acerca de los sufrimientos de Cristo y de la gloria que vendría después de éstos»). Así que los profetas del Antiguo Testamento apuntaban al futuro hacia Cristo en 10 que escribieron, y los apóstoles del Nuevo Testamento miraban hacia atrás a Cristo e interpretaban su vida para beneficio de la iglesia.
2. Jesús no fue simplemente un mensajero de revelación de Dios (como 10 fueron todos los otros profetas), sino que él mismo era la fuente de la revelación de Dios. Más bien que decir como solían hacer todos los profetas del Antiguo Testamento «Así dice el Señor», Jesús podía empezar su enseñanza con autoridad divina con la asombrosa declaración: «Pero yo les digo …» (Mt 5:22; et al.). La palabra del Señor venía a los profetas del Antiguo Testamento, pero Jesús habló en base a su propia autoridad como el Verbo eterno de Dios Gn 1: 1) que nos revelaba perfectamente al Padre Gn 14:9; He 1:1-2). En el sentido más amplio de profeta, refiriéndonos solo a alguien que nos revela a Dios y nos habla las palabras de Dios, Cristo, por supuesto, es verdadera y completamente un profeta. De hecho, él es aquel a quien los profetas del Antiguo Testamento prefiguraban en sus discursos y en sus acciones.

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